El Gobierno confirmó la muerte de al menos 18 personas como consecuencia de los incendios forestales que afectan a distintas localidades del sur del país.
La información fue entregada este lunes y se refiere a los siniestros que golpean a zonas de las regiones de Ñuble y Biobío, donde la magnitud de la emergencia obligó al Ejecutivo a decretar estado de catástrofe ante la proliferación de focos activos y la destrucción de cientos de viviendas.
Sin embargo, el impacto de esta nueva tragedia no solo se ha sentido en las zonas directamente afectadas, sino también entre los damnificados del megaincendio de febrero de 2024 en el Gran Valparaíso, quienes observan con dolor cómo se repite un escenario similar al que vivieron en Viña del Mar, Quilpué y Villa Alemana.
En ese contexto, Edith Muñoz, quien perdió a su padre, Moisés Muñoz, de 75 años, durante la emergencia del año pasado, señaló en El Mercurio de Valparaíso que la situación actual reabre heridas que aún no han logrado cerrar. Según relató, ver nuevamente este tipo de catástrofes hace que “los recuerdos, emociones y sentimientos vuelvan a estar a flor de piel”, y enfatizó que, a su juicio, no se aprendieron las lecciones necesarias tras lo ocurrido. Asimismo, recalcó que si bien lo material puede recuperarse con el tiempo, la pérdida de un ser querido es irreparable.
Una percepción similar manifestó Carlos Orellana, padre de Anastasia Orellana Díaz, fallecida a los 14 años en el sector Pompeya Sur de Quilpué. Para él, lo que ocurre hoy en el sur del país representa una forma de revictimización, ya que revive una experiencia que su familia habría querido dejar atrás. En esa línea, sostuvo al mismo medio antes mencionado que observar cómo otras comunidades enfrentan una tragedia de igual o mayor magnitud le resulta especialmente doloroso, tanto a nivel personal como ciudadano.
Orellana agregó que las heridas del megaincendio de 2024 aún no han logrado cerrar y lamentó que, según su visión, el país continúe reaccionando de manera tardía en lugar de apostar por una estrategia preventiva. A su vez, envió un mensaje a las autoridades, recordando que el fuego no distingue entre edades ni condiciones, y que las consecuencias humanas de estas emergencias siguen siendo devastadoras.
Desde Viña del Mar, Romina Leiva, quien perdió a tres familiares en el siniestro de Villa Independencia, describió el momento actual como una mezcla de pena, rabia y angustia. En particular, señaló que ver a autoridades comunales solicitar ayuda de forma desesperada le recuerda el escenario de abandono que, según afirma, se vivió también durante el megaincendio en la Región de Valparaíso. En ese sentido, cuestionó duramente la capacidad de respuesta institucional y planteó que las medidas y refuerzos activados ante este tipo de catástrofes siguen siendo insuficientes.
Las críticas también fueron abordadas desde el ámbito legal. El abogado de familiares de víctimas fatales del megaincendio, Felipe Olea, sostuvo que lo que hoy se observa en el sur del país corresponde, lamentablemente, a una repetición de los mismos errores cometidos en 2024. A su juicio, pese a los discursos sobre aprendizajes posteriores a esa tragedia, en la práctica no se fortalecieron las capacidades técnicas ni los equipos de toma de decisiones.
Finalmente, el jurista afirmó que en la Región de Valparaíso ha existido una constante improvisación en las jefaturas de operaciones, con cambios frecuentes y designaciones que no han estado a la altura de las emergencias. Según indicó, si la zona ha logrado mantenerse relativamente contenida en episodios recientes, ello se debería principalmente al trabajo de otras instituciones, como la PDI y los cuerpos de Bomberos, más que a la gestión del organismo forestal.




