El tradicional Café Restaurant Samoiedo, un lugar que por más de seis décadas ha sido parte del paisaje urbano de Viña del Mar, ha decidido cerrar su terraza al público. La medida no es comercial ni sanitaria, sino por la inseguridad que afecta al sector. Desde 1957, este emblemático local ha sido punto de encuentro para generaciones de viñamarinos, pero hoy se ve forzado a replegarse, acorralado por el peligro creciente que ha transformado su entorno inmediato en un lugar hostil.
El administrador del local, Ibraham Ledezma, explicó en La Estrella de Valparaíso que la decisión no se tomó a la ligera. Detrás de este cierre hay semanas de angustia y preocupación, marcadas por episodios reiterados de violencia en la transitada calle Valparaíso. En sus palabras se percibe un tono de resignación y de impotencia ante una situación que parece haberse salido de control.
“Fueron varios días consecutivos en los cuales, tanto la delincuencia, los hurtos y otros problemas fuera del entorno de nosotros como local, han complejizado la situación. Han robado, han tirado losas, les han pegado a los clientes, les han sacado la comida, las bebidas, los cafés. Es desagradable tanto para el cliente como para nosotros en el local”, señaló.
El relato evidencia no sólo una afectación económica, sino también un impacto emocional profundo. La agresividad que se ha instalado en el sector ha llegado a perturbar la experiencia de quienes solo buscan compartir un café en paz. Asimismo, los trabajadores del Samoiedo ya no se enfrentan solamente al desafío cotidiano de atender a su clientela, sino también al temor de que cualquier jornada pueda terminar con un incidente violento.
Por otra parte, consultado sobre posibles medidas que podrían devolver la tranquilidad al sector, Jacobo Esquenazi, también administrador del restaurante, compartió una propuesta que, aunque simple, apela a una práctica que alguna vez ofreció resultados positivos en la ciudad:
“Lo único que pedimos nosotros es que pudiesen tener dos retenes móvil en cada esquina y hacerlo como se hacía antiguamente con dos carabineros y con perritos, que son los que van a proteger más con respecto al comercio ambulante”.
La sensación de abandono parece ser un sentimiento compartido entre quienes trabajan día a día en esta parte del centro viñamarino. Los administradores aseguran haber denunciado varios de los hechos ocurridos, sin ver respuestas concretas por parte de las autoridades. La calle Valparaíso —epicentro comercial y turístico de la ciudad— ya no representa el lugar seguro y atractivo que solía ser.
En un testimonio que resume el cansancio acumulado, Ledezma concluye con una afirmación que evidencia cómo la situación ha superado los límites de la tolerancia:
“Nosotros hemos reportado también cuando se han robado cosas, pero no hay un actuar efectivo. Ya no es solo un problema de comercio ambulante, sino que la calle se ha tomado con violencia”.





