EL TRISTE OCASO DEL TEATRO PACÍFICO: ATRAPADO ENTRE EL ABANDONO Y LA INDIFERENCIA

Lo que alguna vez fue un símbolo de la vida cultural en Valparaíso hoy es reflejo de años de abandono, ocupaciones ilegales y deterioro progresivo. El Teatro Pacífico, ubicado en pleno Barrio Puerto, lleva décadas sumido en la decadencia, una historia que se ha agudizado en el último tiempo y que volvió a estar en el centro de la polémica tras la viralización de un video donde se observa a un hombre realizando un rayado en su fachada.

Inaugurado en 1945 por los hermanos Velarde, destacados empresarios del rubro cinematográfico, el Teatro Pacífico fue concebido como un espacio moderno, caracterizado por su arquitectura racionalista de líneas sobrias. Elementos como los pasamanos de bronce, cortinas decoradas con motivos marinos y una malla dorada con pequeños peces, que se alzaba al inicio de cada función, daban cuenta de su estrecha relación con la comunidad pesquera del sector. Además, los hermanos Velarde fueron responsables de otros recintos emblemáticos como el Teatro Colón (1937) y el Teatro Velarde de Quilpué (1940).

Durante su época de esplendor, el Teatro Pacífico ofreció una variada programación de películas mexicanas, españolas, argentinas y producciones infantiles de Disney. Asimismo, su escenario acogió presentaciones teatrales de compañías de renombre, como las de Nieves López Marín y María Guerrero, quien llevó al público porteño obras como La dama del velo, popularizada a través de su transmisión radial.

Sin embargo, tras su cierre definitivo en los años 90, el inmueble quedó expuesto al paso del tiempo y la falta de mantenimiento, sin proyectos claros de recuperación. Desde entonces, su estructura ha sufrido graves daños producto del abandono, el vandalismo y la ocupación ilegal. Techos que se desploman, muros cubiertos de grafitis y basura acumulada dan cuenta del profundo deterioro de un edificio que alguna vez fue motivo de orgullo para el puerto.

La situación se ha vuelto especialmente crítica en los últimos años. El Teatro Pacífico no solo forma parte del tejido histórico del Barrio Puerto, sino que su recuperación sería estratégica para la revitalización urbana, considerando su cercanía a iniciativas como la restauración del Mercado Puerto y el edificio Astoreca. No obstante, su condición de propiedad privada limita las acciones estatales, dejando al edificio atrapado en un limbo entre el olvido y el saqueo.

A pesar de los llamados de alerta de distintas organizaciones y de los esfuerzos por conseguir fondos para su eventual compra y restauración, el Teatro Pacífico sigue cayendo en la ruina. Un video reciente, que muestra rayados desde el interior del edificio, es solo la última muestra de cómo la falta de acciones concretas ha permitido que un monumento vivo de la historia cultural de Valparaíso se transforme en un triste símbolo de abandono.

Sobre este escenario, el concejal y presidente de la Comisión de Turismo, Leonardo Contreras, recuerda que “el Teatro Pacífico fue un ícono de la cultura porteña a partir de los años 40, en los 50 y en los 60 se exhibieron las más famosas películas que llegaban a nuestro país desde México, desde España, desde Europa y por supuesto desde Estados Unidos”. Además, advierte que el declive comenzó cuando la familia Velarde dejó de hacerse cargo del inmueble y lo arrendó con otros fines. Posteriormente, el terremoto de 2010 agravó su estado, y pese a la venta a un privado con fines comerciales, el edificio no pudo ser resguardado, siendo finalmente vandalizado y saqueado.

Actualmente, la falta de un plan de acción concreto para su recuperación preocupa a quienes ven en el Teatro Pacífico una oportunidad perdida. Contreras lamenta que, pese a los esfuerzos realizados desde la Comisión de Turismo y la Corporación de Administración del Sitio Patrimonial, “hoy día no existe un plan de acción, lamentablemente, para el barrio Puerto”, subrayando que varios acuerdos alcanzados no se han materializado.

En definitiva, el Teatro Pacífico es mucho más que un edificio deteriorado: es un testimonio del rico legado cultural de Valparaíso y representa, aún hoy, una oportunidad para la recuperación y valorización del patrimonio arquitectónico y artístico de la ciudad. No obstante, mientras las buenas intenciones no se traduzcan en acciones concretas, este ícono seguirá siendo, tristemente, un reflejo del abandono al patrimonio porteño.