Con solo 12 años, Tomás Segovia Mena se prepara para representar a Chile en importantes competencias internacionales. El joven deportista, oriundo de Valparaíso, es Seleccionado Nacional de Karate y ocupa el segundo lugar en el ranking nacional en la categoría Under 14 -50 kilos. A pesar de sus logros, su participación en el Sudamericano de Brasil, la Youth League en México y los Panamericanos específicos de Paraguay está en riesgo debido a la falta de apoyo económico.
Tomás inició su camino en el karate a los cuatro años, como parte de un proceso para fortalecer su seguridad y concentración, luego de enfrentar bullying en el jardín infantil y ser diagnosticado con Trastorno de Déficit Atencional con Hiperactividad (TDAH). Lo que comenzó como una herramienta terapéutica se transformó en una pasión que hoy lo impulsa a perfeccionar sus técnicas y proyectarse como futuro sensei.
Su vínculo con el karate deportivo se consolidó en enero de 2024, tras un entrenamiento de verano en Placilla dirigido por Sergio Manríquez, actual entrenador de la Selección Chilena de Karate y director de la Escuela Kaizendo Manríquez. Fue en ese momento, atravesando un período complejo en lo emocional, cuando descubrió que el karate era el camino que deseaba seguir. Desde entonces, divide sus entrenamientos entre Santiago, donde practica karate deportivo, y la región de Valparaíso, donde continúa su formación en karate tradicional en el dojo Ni Sente Nashi.
Gracias a su dedicación y esfuerzo, Tomás logró una medalla de plata en el Torneo Nacional, lo que le permitió ingresar a la selección chilena y clasificar a campeonatos de alto nivel en el continente. Sin embargo, el alto costo de la preparación y los viajes, sumado a la ausencia de apoyo institucional, amenaza su proyección.
“Hoy hacemos un llamado a las autoridades, a las empresas y a todos quienes quieran sumarse a este sueño de ver a Tomás representando a Chile en el extranjero. Todo aporte es fundamental para que pueda seguir avanzando”, expresó su madre, Lissett Mena.
Hasta ahora, la familia y la comunidad han debido organizar diversas actividades para reunir fondos, pero los recursos resultan insuficientes frente a los desafíos que implica el deporte de alto rendimiento.





