El 13 de enero de 2022, Juan González Farfán realizaba su recorrido como taxista entre Quilpué y Viña del Mar, un trayecto que nunca logró completar.
Durante el recorrido, habría recogido a Daniel Silva Huerta, quien lo amenazó con un arma y lo obligó a llevarlo desde el Reloj de Flores hasta un domicilio en Playa Ancha, Valparaíso. Al llegar al lugar, se encontraron con un hombre apodado «El Cojo», identificado como Óscar Cantillano, y un menor de edad. Juan González fue retenido por cuatro horas y amenazado por los delincuentes, quienes le exigieron que entregara todas sus claves bancarias. Sin embargo, él se negó rotundamente.
Al día siguiente, el 14 de enero de 2022, el auto de González fue visto en el sector de Recreo, en Viña del Mar. Los vecinos alertaron a las autoridades tras notar que el vehículo había chocado y luego se dio a la fuga. Ante este hecho, Carabineros inició un operativo para dar con el paradero del conductor, quien, para ese momento, ya no era Juan González.
Ese mismo día, se recuperó el taxi y comenzaron las pericias para esclarecer las interrogantes: ¿Dónde estaba el conductor que huyó? ¿Qué había ocurrido con Juan González?
Dentro del vehículo, que fue hallado en la parte alta de Viña del Mar, se encontró un teléfono que no pertenecía a la víctima. Al ser periciado, se identificó al primer sospechoso: Daniel Silva Huerta, quien efectivamente había sido pasajero ese día. La investigación también reveló que González había sido amenazado y golpeado con el arma. Además, se encontraron rastros de sangre en el maletero del automóvil, lo que fue clave para el proceso investigativo.
Gracias al testimonio de una testigo protegida que estuvo presente la noche en que Juan González fue retenido, el 4 de febrero se procedió con la detención de dos implicados: el menor de edad, identificado por las iniciales F.A.S.O., y Daniel Silva Huerta, ambos formalizados por el delito de secuestro calificado.
Sobre el caso, el abogado de la familia González Farfán, Cristian Canifrou, explicó a Radio Bío-Bío:
«Uno de los testigos protegidos estuvo en el lugar y fue testigo presencial de ciertos hechos ocurridos el 13 y 14 de enero. Escuchó personalmente y pudo percibir cada una de las situaciones que relató en el juicio oral. Su testimonio fue clave para acreditar la muerte de Juan González a causa de este secuestro».
Un mes después, se produjo la detención de un tercer implicado: «El Cojo», Óscar Cantillano, quien tenía un amplio prontuario policial. Se confirmó que él estuvo presente en la casa donde González fue retenido y que incluso lo amenazó con el arma.
Los tres delincuentes complicaron la investigación al pactar un «silencio absoluto», el cual han mantenido hasta la fecha.
«Hasta el final existió la esperanza de que rompieran este pacto de silencio y entregaran información sobre el paradero del cuerpo de Juan, pero no fue así. Veremos si, tras la sentencia, surge algún dato que nos permita encontrarlo», declaró el abogado Canifrou.
Por su parte, la hermana de la víctima, Elizabel González, expresó:
«Cualquier persona que tenga información sobre el paradero de mi hermano, les pido por favor que nos digan dónde está».
El 24 de abril de 2023, tras un largo proceso judicial, se dictó el veredicto. La Fiscalía solicitó presidio perpetuo calificado para Cantillano, al considerarlo el líder del crimen; presidio perpetuo simple para Silva Huerta, y 10 años de internación para el adolescente. Finalmente, el 5 de mayo de ese año, la sentencia se hizo oficial:
Óscar Cantillano López: presidio perpetuo calificado.
Daniel Silva Huerta: presidio perpetuo simple.
El menor de edad: nueve años de internación en régimen cerrado.
Sin embargo, aunque la justicia cayó con todo su peso sobre los responsables, la gran pregunta sigue sin respuesta: ¿Dónde está Juan González Farfán?
Con desesperación y esperanza entrelazadas, su hermana, Elizabel González, hizo un último llamado:
“Cualquier persona que tenga información sobre el paradero de mi hermano, les pido por favor que nos digan dónde está”.
Han pasado más de tres años desde aquella fatídica noche, y aunque los culpables han sido condenados, la herida sigue abierta. Sin un cuerpo, sin una despedida y sin un cierre real, la familia de Juan González sigue atrapada en un duelo sin final.





