«Dejó de ser un delito excepcional»: experto advierte por aumento de secuestros en la región de Valparaíso

La Región de Valparaíso registró 41 secuestros durante el primer semestre de 2026, un 17,1% más que en igual periodo del año anterior. Frente a este escenario, el experto en seguridad Flavio Espinoza sostiene que el fenómeno estaría dando cuenta de una transformación en la configuración del crimen organizado y cuestiona la capacidad de las autoridades para anticiparse a estas estructuras.

El aumento de los secuestros en la Región de Valparaíso vuelve a poner el foco sobre la evolución del crimen organizado y las nuevas modalidades utilizadas por estas agrupaciones. De acuerdo con el último informe de la Fiscalía Nacional, la zona contabilizó 41 casos durante los primeros seis meses de 2026, ubicándose en el segundo lugar nacional, solo detrás de la Región Metropolitana.

Además, la cifra representa un incremento de 17,1% respecto del primer semestre de 2025, cuando se registraron 35 casos. En este contexto, el experto en seguridad Flavio Espinoza plantea que el dato no debería analizarse únicamente desde una perspectiva numérica.

“Más que una cifra aislada, este resultado refleja un cambio en la configuración del crimen organizado en la Región de Valparaíso”, sostiene Espinoza, quien agrega que el secuestro “dejó de ser un delito excepcional para transformarse en una herramienta utilizada por organizaciones criminales”.

Según explica, este tipo de delito puede ser utilizado para ejercer control territorial, cobrar deudas, intimidar a grupos rivales o resolver conflictos relacionados con economías ilícitas. Por ello, a su juicio, la posición de Valparaíso en las estadísticas nacionales también evidencia una mayor capacidad operativa de determinadas estructuras criminales para planificar y ejecutar estos hechos.

Playa Ancha y Viña poniente bajo la lupa

En paralelo, el informe de Fiscalía identifica a Valparaíso, particularmente Playa Ancha, el sector poniente de Viña del Mar, además de Quilpué y Limache, como zonas donde se concentran casos asociados a actividad criminal organizada o grupal.

Al respecto, Espinoza plantea que esta concentración territorial no respondería al azar, sino a determinadas condiciones que favorecerían la operación de organizaciones delictivas. Entre ellas menciona la presencia de mercados ilícitos, rutas que conectan el puerto con el interior de la región, sectores con menor vigilancia y lugares donde podrían instalarse inmuebles utilizados como casas de seguridad.

Asimismo, apunta a la facilidad de desplazamiento entre distintas comunas y jurisdicciones, situación que, según explica, puede dificultar una respuesta policial inmediata. “Las organizaciones criminales, es sabido que siempre busca precisamente espacios donde pueda operar con movilidad y menor presión institucional”, afirma.

Junto con ello, el experto advierte sobre la captación de niños, niñas y adolescentes por parte de estas estructuras, especialmente en contextos de vulnerabilidad económica, ofreciéndoles dinero a cambio de incorporarse a los niveles inferiores de sus organizaciones.

Inteligencia y persecución de las estructuras

Por otra parte, frente al aumento registrado en la región, Espinoza sostiene que la respuesta de las autoridades no debería limitarse al incremento de los patrullajes.

“La respuesta no puede limitarse a aumentar patrullajes. El secuestro es un delito complejo que requiere inteligencia criminal, investigación patrimonial y persecución de las organizaciones completas, no solamente de quienes ejecutan el delito”, plantea.

En esa línea, considera necesario fortalecer la coordinación entre la Fiscalía, Carabineros y la PDI, además de incorporar herramientas de análisis geoespacial que permitan anticipar patrones delictivos.

A esto suma un rol para los municipios, especialmente mediante la recuperación e intervención de territorios donde puedan existir condiciones favorables para la instalación de estructuras criminales. Entre las medidas menciona mejoras en iluminación, calles y cámaras de seguridad, además de la creación y recuperación de espacios destinados al deporte, la vida sana y el arte.

Sin embargo, el especialista también pone énfasis en el componente económico del fenómeno. A su juicio, mientras las organizaciones criminales mantengan fuentes de financiamiento provenientes de actividades ilícitas, continuarán diversificando sus métodos de violencia.

“Acá lo que buscan en palabras simples es el lucro”, sostiene Espinoza, quien plantea que el objetivo de las autoridades debe ser reducir la capacidad económica de estas estructuras para impedir que continúen expandiendo su influencia territorial.

“Estamos comenzando a normalizar algo que es totalmente anormal”

Finalmente, el experto califica el escenario regional como uno de los desafíos de seguridad más complejos de los últimos años. No obstante, afirma que su principal preocupación no está únicamente en la cantidad de casos registrados.

“Lo que más me preocupa no es solamente la cantidad de casos, sino que el secuestro comienza a consolidarse como un mecanismo de violencia utilizado estas organizaciones criminales”, señala.

En ese sentido, Espinoza cuestiona que la respuesta institucional continúe siendo principalmente reactiva y plantea la necesidad de avanzar hacia estrategias basadas en inteligencia, investigación y desarticulación de las agrupaciones.

Finalmente, advierte sobre el impacto que esta evolución puede tener en la percepción de seguridad de la población. “Lo más preocupante de todo lo expuesto es que lamentablemente como sociedad estamos comenzando a normalizar algo que es totalmente anormal para nuestros vecinos hace no tantos años atrás”, concluye.