Por Héctor Sandoval.
Académico en temas de Seguridad, Administrador Superior de seguridad pública, Ingeniero en Prevención de Riesgos, Máster en Seguridad Privada y Ciudadana, Magíster en prevención.
A pesar de todo, pareciera ser que hay luz verde para una ley al respecto.
Los narcos funerales, son un fenómeno social, que imita conductas extranjeras y que reflejan el crecimiento de la industria delictual y la narco industria, para rendir honores a sus deudos, asociados a estas organizaciones criminales, fenómeno que se ha expandido en el territorio nacional.
Se trata de ceremonias fúnebres de personas vinculadas a organizaciones criminales o ligadas al tráfico de drogas, que buscan rendir un peculiar reconocimiento a sus deudos.
Eso no sería problema, si estas no incluyeran exhibiciones de poder, control territorial, armas, artefactos explosivos o de pirotecnia, cortes de calles, alteraciones de orden público que involucran suspender clases, suspender nuestro diario y normal vivir, con el peligro de ser víctima de una bala loca.
con caravanas, con autos de superlujo, enchulados y cual cultura chicana, con música al efecto, suelen recorrer calles por donde residían los fallecidos y por ende crear el estigma en las comunidades.
Se hacen patente la violencia, armas, música, de la narco cultura, poder territorial, dominio del territorio, vehículos de alta gama, disparos al aire, fuegos de artificio, lienzos, rayados, pero también después debemos aceptar monolitos que recuerdan a estas personas en lugares públicos a vista y paciencia del estado, desafiando su control.
El peligro radica en el uso de la cultura de la violencia, los ajustes de cuentas, el desafío a la autoridad y exponer a las policías por no tener como sociedad normado estos actos, que no podemos eludir, pero si normar por el bien común, de todo ciudadano.
por ello urge que el estado, norme cuando se califique uno de estos hechos con un peligro o riesgo inminente para el orden público, con fijar rutas y vías de desplazamiento, horarios para no tener que alterar la vida de los buenos ciudadanos, días para realizar los funerales y restricción de accesos, para también no entorpecer el normal funcionamiento de los cementerios, pero ellos también deben poner de su parte con seguridad situacional y contingente.
Las policías y la autoridad administrativa, tendrán herramientas para controlar y sancionar, estas conductas disruptivas y disociativas que ocasiona un trastorno del normal funcionamiento de la ciudad.
Ahora, solo queda esperar, que los gobiernos locales saquen los monolitos narcos, que aún existen y que aumentan.
A la pregunta, ¿porque no normar todo de una vez?





