OPINIÓN: Informalidad y aceleración tecnológica, los desafíos de este 1 de mayo

La conmemoración de un nuevo Día Internacional de los Trabajadores, encuentra a Chile con una economía estable. No hay grandes incertidumbres respecto a la inflación que parece controlada, hay coincidencia en las proyecciones limitadas del PIB, el desempleo se ha estancado alrededor del 9% y los índices de pobreza han recuperado su tendencia prepandema, pero ¿están realmente mejorando las condiciones laborales para todos los trabajadores?.


El aumento del salario mínimo a $500.000 durante este año y la promesa de su indexación al IPC durante el próximo representa una mejora significativa en la calidad de vida de muchos trabajadores y la implementación de la jornada laboral de 40 horas transformará positivamente nuestras relaciones laborales, sociales y familiares, lo que se complementa con la puesta en marcha de la Ley de Conciliación de la Vida Personal, Familiar y Laboral y la Ley contra el Acoso Laboral.


Sin embargo, que estos avances sólo afecten al sector formalizado del mercado laboral, es extremadamente preocupante. En Chile, uno de cuatro trabajadores lo es en la informalidad, son más de dos millones y medio las personas que no acceden a beneficios sociales, seguridad, contratos claros y oportunidades de capacitación.


Este primero de mayo, día de todos los trabajadores, nos debe llamar a la acción para que las altas cifras de informalidad se valoren con la urgencia que merecen ya que si bien en comparación con Latinoamérica la evaluación podría ser positiva, está muy por debajo de los países desarrollados que apenas muestran una tasa de un 5%.


Esta urgencia se agudiza cuando se observan fenómenos cada vez más relevantes; el envejecimiento de la población, la masiva inmigración y sobre todo, la aceleración tecnológica. Así como la estimación de que una de cada cinco personas tendrán más de 65 años el 2030 y sólo durante el año 2023 se otorgaron más de 114.000 residencias definitivas en el país, de las cuales más de la mitad correspondió a ciudadanos provenientes de Venezuela, poniendo en jaque una integración cultural pacífica debido a la competencia por empleos de baja calificación, la aceleración tecnológica avanza de manera inexorable; plataformas digitales y sistemas de inteligencia artificial están modificando la manera de realizar los trabajos, incluso en tareas intelectuales supuestamente protegidas por certificados académicos y años de experiencia..

Frente a este escenario, economistas como Guys Standing, ya no ponen el foco en el proletariado o la clase obrera que marchaba multitudinariamente bajo sendas banderas cada 1 de mayo en una lucha contra su empleador. En un país desindustrializado como el nuestro, es pertinente observar cómo ha emergido una nueva clase social, el “precariado”, compuesta por personas autosometidas a experiencias (muchas de las cuales mediadas por aparatos tecnológicos) que las conducen a vivir una existencia frágil, en permanente incertidumbre sobre el futuro, con una identidad insegura y carente de un sentido de desarrollo posible por medio del trabajo. Muchos trabajadores precarizados realizan sus labores en cualquier momento, ya que su actividad no está regida por una jornada de 45 o 40 horas, sino por los requerimientos de algún sistema de inteligencia artificial.


Así pues, nos enfrentamos a una encrucijada: o aceptamos pasivamente los procesos de precarización, víctimas del desarrollo tecnológico que reemplaza tareas humanas por procesos automatizados o utilizamos la tecnología en beneficio de los trabajadores, aumentando su productividad, facilitando su incorporación en nuevos oficios formales y nivelando sus capacidades gracias a sistemas digitales que los asistan. Las futuras políticas laborales deberán enfocarse entonces no solo en promover la innovación y la competitividad, sino también en garantizar una distribución más equitativa de los beneficios tecnológicos, incorporando a todos los trabajadores.
Este desafío es profundamente humano y social. Debemos enfrentar la informalidad y aprovechar la aceleración tecnológica con la urgencia y la seriedad que merecen, reconociendo que la manera en que transitemos hacia una economía digital determinará nuestra capacidad para formalizar el empleo de millones de personas, entendiendo que es fundamental que los derechos, la seguridad y el bienestar no solo deben protejerse, sino que también deben ampliarse para mejorar realmente las condiciones laborales de todos los trabajadores.
Servando Pastor
Académico de la Universidad de Valparaíso [email protected] linkedin.com/in/servandopastor/